Ingrid Betancourt, en el Management & Business Summit, organizado por ATRESMEDIA: “La verdadera libertad es espiritual, es escoger quiénes queremos ser”

Ingrid Betancourt, en el Management & Business Summit

Ingrid Betancourt, en el Management & Business Summit, organizado por ATRESMEDIA: “La verdadera libertad es espiritual, es escoger quiénes queremos ser”

“Siempre nos proyectamos al futuro pero no se puede olvidar la riqueza del presente”

“El reto de cada uno es encontrar la luz en esa persona con la que no tenemos nada que ver”

El Palacio Municipal de Congresos de Madrid acoge el evento para directivos y empresarios más completo de España

Atresmedia, a través de su área de negocio Atres Business vuelve a traer a España, por segundo año consecutivo, este gran encuentro de directivos con líderes internacionales que se ha convertido en un evento de referencia tras el gran éxito obtenido en la edición pasada

Madrid, 2 de junio de 2016

Ingrid Betancourt, la política colombiana que fue secuestrada durante más de seis años por las FARC, ha participado esta tarde en el Management & Business Summit. ATRESMEDIA, a través de su área de negocio Atres Business vuelve a traer a Madrid, por segundo año consecutivo, este gran encuentro de directivos de las principales empresas españolas con destacados líderes internacionales que se ha convertido en un evento de referencia tras el gran éxito obtenido en la edición pasada.

Betancourt ha ofrecido una entrevista, realizada por la periodista de ‘Antena 3 Noticias’ Mónica Carrillo, en la que ha recordado algunos de los momentos más duros de su cautiverio. La colombiana ha compartido también, durante el encuentro, cómo comenzó en la política, así como su transformación personal tras su liberación.

¿Cómo decidió embarcarse en la política en Colombia?
Era una decisión de vida, al hacer política en Colombia sabía que asumía riesgos. Cuando empecé tenía muchas ilusiones y muchos sueños. Entré en un espacio muy violento. La arena política era oscura, con muchos intereses. Ese encuentro me hizo pensar que yo era fuerte y que podía luchar contra esa realidad. También tenía la sensación de que estaba protegida, por el cariño de los colombianos.

¿Mereció la pena asumir el riesgo?
La historia del secuestro es una historia de frustración. Mi padre murió cuando yo estaba retenida. Mis hijos crecieron. Me perdí su adolescencia. Es una historia de mucho dolor, pero también es de transformación y de crecimiento. Lo que me ayudó en todo este proceso fue una conversación que tuve con mi padre en los primeros años de mi vida en la política. Él me dijo que, en lo posible, uno debe tomar las decisiones en función de principios y no de intereses. Los parámetros para tomar decisiones nunca son claros. Qué es lo bueno o lo malo, lo que conviene y no. Es difícil, en el calor de la acción, tomar una decisión. La certeza de no equivocarse no existe. La mía fue una decisión de principios: luchar por un ideal de democracia. Fue un precio duro.

¿Cuáles fueron los retos que tuvo que afrontar durante el cautiverio?
Hubo retos físicos por el lugar. La naturaleza es agresiva. Pero el mayor temor fue la maldad humana. Estar sometida a un sistema en el que el ser humano se deshumaniza con un trato humillante, frente a nuestra fragilidad. Perdimos nuestra identidad. El primer choque fue cuando empezaron a llamarme con nombres diferentes. Eran nombres con una connotación humillante, despectiva. Le tratan a uno como un animal. Fue importante intentar no perder la autonomía.

Estuve en un campo de concentración con torres de vigilancia. Era emocionalmente muy fuerte. Estábamos en una jaula en la que creaban rumores para atemorizarnos. Jugaban con las desigualdades en los tratos para confundirnos. Muchos traicionaban y contaban lo que sucedía entre los prisioneros para ganar seguridad. Eran situaciones complejas.

¿Cómo era la relación con sus compañeros?
Fueron duras y complejas. Algunas relaciones se iban degradando. Hay algo en el ser humano muy perverso que cuando siente que tiene una posición superior se desata en él una violencia. En la vida civilizada no se ve pero, en un secuestro, la violencia se vuelve física. El abuso es parte de esa degeneración que se da cuando un ser humano tiene la posibilidad de matar al otro.

Entre los secuestrados, la relación era difícil. Son momentos de tensión por la comida, por quién tenía más beneficios… Pero con el tiempo aprendimos a no jugar al juego de nuestros captores y a tener mucho compañerismo, lo que nos salvó.

¿De dónde sacó la fuerza para mantener el equilibrio mental?
Se agarra uno a todo. Primero busca el amor de los que una ama. Pensaba en mis hijos, tenía que aguantar porque tenía que volver a casa. Teníamos radios, el único lujo, y los familiares mandaban mensajes para los secuestrados. Mi madre intervenía cada mañana y eso era un cordón umbilical de luz.

Sobre las imágenes que envió la FARC para mostrar su supervivencia…
Yo estaba muy enferma, me habían negado la medicación y me estaba muriendo. Al pedirles pruebas de mi supervivencia, les tocó revivirme. Yo no quería que mis hijos me vieran así. Hice el pacto de, en vez de grabar un vídeo, escribir una carta, que era como mi testamento. Pero me engañaron y se burlaron de mí. No quería mirar a cámara por el dolor, la rabia, la ira… hacia aquel comandante. Yo pensaba: “le voy a matar”.

No arrojó la toalla, ni renunció a sus intentos de huida…
Todo el tiempo, si no me hubieran rescatado… habría muerto en el intento o seguiría intentándolo. Yo pensaba que tenía el derecho y el deber de escaparme. No aceptar el secuestro.

¿Hay algo positivo que pueda sacar de todo esto?
Lo que descubrí de la humanidad es que siempre hay un espacio de luz, aún en la persona que nosotros consideramos enemigos. El reto de cada uno es encontrar la luz en esa persona con la que no tenemos nada que ver. Cuando encontramos eso, hay una liberación y podemos ser más fuertes que nuestros instintos o emociones. Nos lleva a ser más grandes que el odio.

¿Habla de perdón?
Es diferente. Buscar la luz es no rechazar el diálogo. El perdón es una etapa anterior que no necesariamente es tan generosa como la búsqueda de la luz en el otro. El perdón es el momento en que decidimos no querer estar atados a la sed de venganza.

Os voy a confesar que siempre logré tener un arma junto a mí. No la usaba pero lo tenía. Cuando aquel comandante me grababa, sentí la necesidad física de matarlo, pero sentí también que si lo hacía, quedaría atada a ese ser humano de por vida. Porque su muerte me transformaría en lo que yo no quería ser: uno de ellos, un ser de venganza, de odio y de violencia.

¿Cómo afrontó la liberación?
Fue un día muy difícil para nosotros. Nos habían avisado de que venía una comisión europea. Cuando les vimos, sentimos que era un engaño, ya no nos fiábamos. Pensamos que nos iban a matar. En el helicóptero, un comandante nos informó de que eran del ejército de Colombia y que estábamos libres. Pegué un alarido incontrolable. Yo me oía y pensaba “tengo que calmarme”. No podía, hasta que se me acabó el oxígeno y cuando volví a respirar, me di cuenta de que todos mis compañeros estaban igual.

¿Cómo es Ingrid Betancourt en la actualidad?
La esencia sigue siendo la misma. Soy una persona muy creyente. Mucho más que antes. Estudio teología para tratar de entender lo que me sucedió. Encuentro respuestas que para mí son válidas.

Es importante definir prioridades, hacer un balance de la vida y decidir qué es lo importante. La vida en el presente es fundamental. Siempre nos proyectamos al futuro pero no se puede olvidar la riqueza del presente. La vida son esos presentes que nos enriquecen.

¿Está el pueblo Colombia preparado para entenderse?
Hemos recorrido un gran camino. El debate es en sí ya una apertura. Tenemos que permitirnos tener confianza.

Betancourt finalizó su participación en el MABS con una reflexión sobre la libertad: “Creo que la verdadera libertad es espiritual, es la que cada uno de nosotros tenemos en nuestro espacio íntimo. Escoger quiénes queremos ser, la visión que tenemos de nosotros mismo, que no dependen de lo que crean los demás. Así podremos ser libres en cada minuto de nuestra vida, en cada decisión, acorde con nuestros principios”.

Una apuesta de éxito
Tras Betancourt, Caddy Adzuba ha sido la encargada de cerrar esta edición del MABS 2016.

El año pasado, 1.200 asistentes presenciaron en este foro las intervenciones de líderes como Gordon Brown, José Manuel Durão Barroso, Bill Richardson, Tal Ben Shahar, Ram Charan, Richard Gerver, Pau Garcia-Milà, Pau Gasol, David Muñoz, Juan Verde y Carlos Barrabés y Rahaf Harfoush.

Las cifras del balance del año pasado dejaron 800 conexiones de networking, 100 ideas que aplicar en los negocios para mejorar la productividad y 700 libros firmados por expertos en management, liderazgo y motivación, entre otros números.

El evento contó el año pasado con una extraordinaria promoción tanto en los canales de ATRESMEDIA como en medios especializados, así como con acuerdos con empresas y entidades, además de acciones de marketing directo. Asimismo, el foro generó una gran repercusión mediática, con más de 300 noticias relacionadas con el MABS.

En redes sociales, superó los 6 millones de impactos y logró ser los dos días trending topic en Twitter, red en la que se generaron más de 4.400 tweets.

En cuanto a la valoración de los asistentes, para el 68% las expectativas fueron superadas o plenamente cubiertas y,  de una puntuación del 1 (mínima) al 5 (máxima), el 78% consideró la atención al evento con una nota del 4 y el 5.

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